martes, 13 de abril de 2010

Eternal Jasmine

Quien no conozca el visual no entenderá nada...

Interpretación de Kamijou Yuuji por mi parte... para un pequeño homenaje a Jasmine



“Estás maravillosamente creado con notas musicales. Todo tú eres música. Eres una sinfonía inacabada. Eres la belleza de un alma agonizando en el placer más puro e inocente. Tú eres el acorde perfecto.”

Comentaste al contemplarme adentrándote en la habitación y encontrarme concentrado en reconquistar las teclas de mi hermoso piano. Hacía semanas que no podía posar mis dedos sobre él. Había abierto la ventana para refrescar la habitación. Fuera el tráfico de la ciudad se iba intensificando. Sin embargo, la música que provocaban mis dedos era superior a algo tan cotidiano y odioso.

“Naciste en los arpegios agónicos de una guitarra mágica. Fuiste la mezcla de la destreza y la pasión. Viniste a este mundo para cegarlo por tu elegancia y belleza. Sí. Naciste para dejarme ciego y sordo, puesto que nada más puedo escuchar tu voz. ¿Eres un ángel? Creo que los ángeles deben tener tu rostro y tus labios tibios con los que susurras tus versos de amor.”

Noté tus manos sobre mis hombros, unas manos suaves y delicadas. Las mismas manos que con una simple caricia sobre mi rostro me hacían olvidar el dolor, ese dolor que yacía en los mares profundos de mi alma.

-Estás maravillosamente creado del perfume del ornamento floral de la diosa Venus. Todo tú eres belleza y elegancia. Eres un aroma dulce que consuela mi corazón herido. Eres la belleza de un alma que nace iluminando el cielo como una estrella fugaz. Tú eres la perfección.-dije jugando con tus palabras.-Naciste del árbol del fruto prohibido. Fuiste la mezcla de la elegancia y el deseo. Viniste a este mundo para iluminarlo por tu magia y perfección. Sí. Naciste para dejarme sin aliento y sin palabras, puesto que me dejaste embelesado al contemplarte. ¿Eres un ángel? Sí, eres mi ángel y yo te cuidaré.-tus mejillas se sonrojaron al escuchar mi respuesta.

-Pensaba que no me oías, estabas demasiado concentrado.-murmuraste quedando a mis espaldas aún con tus manos sobre mis hombros. Mis dedos no dejaban de tocar aquella melodía única, puesto que jamás había sido tocado por otro.

-Sí y no.-respondí dejando de tocar para tomar tus manos entre las mías, para besarlas y llevarlas a mi rostro.-Siempre me percato cuando estás cerca... tu perfume de jazmines te delata.

-¿Puedo tomar asiento a tu lado príncipe?-dijiste con una dulce sonrisa en tus labios.

-Por favor.-susurré dejándote espacio en la banca.

Aquella mañana toqué el piano junto a ti mi ángel. Desde entonces siempre que toco esa melodía, la melodía que después marqué en las dispersas partituras que poseo, te recuerdo sonriendo con tu cabeza apoyada en mi hombro. La música nos unía, el amor a la perfección y el orgullo de la elegancia. Eras la profecía de lo efímero. Realmente eras un jazmín que marchitaba lentamente pasada la primavera.

La música nos unió. La música une las almas. La música nos aleja de miedos. La música. La elegancia hecha acordes musicales, la perfección del órgano y un violín jamás será superada por la macabra y proliferante música sin alma de las salas de fiesta. La música debe tener letra, debe poseer encanto, tiene que tener un mensaje oculto que te deje pensando. La música nos hace reír o llorar, no puede dejarnos indiferentes.

A tu lado aprendí a ser un príncipe y a respirar música. A tu lado me sentí un conquistador. Quería conquistar el mundo para brindártelo como regalo. Aún hoy deseo conquistar el mundo para ofrecértelo. Es mi mayor sueño, el sueño que jamás he confesado, y que hoy sentado en mi piano susurro en esa canción que tan bien conoces. Hoy he decorado mi piano con un hermoso ramillete de jazmines... son para ti mi amor, mi ángel.

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