martes, 28 de junio de 2011

La sombra

Una sombra se deslizaba dentro de su recámara. Rápidamente ejerció su violencia abalándose sobre su primera víctima. Sus colmillos afilados como dagas y sus garras que parecían de león, se enterraron en su carne. Él gritaba, intentaba alejarse de su atacante y pronto no pudo ni siquiera chillar rogando por su vida.

En los labios de aquella fiera brotaba la sangre, la vida que su víctima ya no poseía. Se apartó relamiéndose la boca, sintiéndose poderoso y se alejó torpemente. Estaba en pleno orgasmo. El placer le invadía.

Embotado por aquel elixir que siempre creyó mágico caminó pesado, se deslizaba por la casa de forma aturdida y riendo bajo. Susurraba una vieja canción, sus manos acariciaban la madera de la pasarela y terminó sentándose en el último peldaño hacia el hall.

-Oh, siempre me gustan jóvenes... me agrada su fuerza y su deseo de superviviencia.

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