domingo, 18 de agosto de 2013
Alas blancas
domingo, 16 de junio de 2013
A mi Rowan
miércoles, 1 de mayo de 2013
Llamas de despedida
jueves, 16 de abril de 2009
Lecciones de Barrio Sesamo sobre Rojas I

Todos conocéis mi ironía a la hora de escribir, aunque había dejado este blog un poco al margen y ya me habéis estado preguntando si me pesaba el culo. Lo siento, ser estudiante tiene estas cosas. Pero como las malas pesadillas HE VUELTO
La verdad
La palabra verdad se define según la real academia de la lengua:
El significado de la palabra verdad abarca desde la honestidad, la buena fe y la sinceridad en general, hasta el acuerdo de los conceptos con las cosas, los hechos o la realidad en particular. (Wikipedia)
La verdad, la honestidad, es muy poco visible en esta sociedad hipócrita, rápida y de enjuiciamiento. Cuando nos colocan un título es difícil de quitárnoslo, sobretodo si es autoimpuesto. Es como un mote, algo que nos persigue como si fuera nuestra propia sombra.
Muchas personas nos gusta hacernos llamar “Escritores” porque escribimos, porque queremos comunicarnos, y hacer que el mundo sepa nuestros pensamientos. Es un título que a veces nos autoimponen o nos imponemos. Pero para demostrarlo únicamente hace falta un solo escrito que esté a nuestro nombre, uno solo. Sin embargo, lo que algunos hacen es decir que son profesionales de la mente, catedráticos de altos vuelos, humanistas exacerbados, cuando todo es falso.
Enrique Rojas Montes. No es psiquiatra, no consta en ninguna base de datos de ninguna universidad. Ni es catedrático en psiquiatría, puesto que no existen cátedras en este tipo de estudios. Tampoco es psicólogos y mucho menos alguien de quien fiarnos. Es numeroso el escándalo que puede crear un hombre como él. Alguien que va a contra corriente de todos sus profesionales, resguardado por el Opus por ir en contra del matrimonio homosexual y la adopción por parte de estos. Una persona que habla de enfermedades mentales cuando es el mayor enfermo, él mismo se cree catedrático y es una enfermedad mental seria. Hace no mucho saltó a la luz personas que se creían tener enfermedades, haber estado en las torres gemelas y hacer todo lo posible para hacer ver que era cierto. Estas personas se crean un mundo de fantasía, donde ellos son héroes.
Sin embargo, este hombre no es un héroe y tan sólo es un canalla. Puede o no que tenga esta enfermedad de creerse mentiras como verdades, pero cobra entre doscientos y trescientos euros por un servicio que es perjudicial. Puesto que no sabe nada de psiquiatría ni psicología y tan sólo causa que numerosos pacientes, cansados de sus irregularidades, publiquen en Internet en páginas especializadas sus casos. Incluso lo han llamado estafador, plagiador de libros…entre un amplio listado de insultos (he de decir que he aumentado mi léxico gracias a esto, es increíble cuantas cosas se le puede llamar a alguien que no merece ser tratado ni como persona)
Sólo me cabe destacar una pregunta:
¿Este señor duerme? ¿puede dormir? ¿es capaz de poder ser feliz con un dinero que viene por un hurto? Porque sí señores, es una estafa, un delito, un hurto a mano armada que se convierte en un asalto o robo. Es un maldito canalla que va de hombre de fe, se da golpes en el pecho y únicamente hace que cientos de cristianos sientan asco de profesar su misma religión.
Yo no he sido afectado por él, no me ha estafado, pero si han alabado sus estudios para insultarme y hacerme sentir como un escarabajo pelotero en medio de una gran mierda. No soy un enfermo. No me creo enfermo. Él sí lo es.
Sigamos con sus mentiras y tropelías.
Informes falsos, venta de sus informes a maridos que quieren divorciarse, hacer públicos dichos informes y por último ser juzgado por una vizcondesa. No sé si reír o llorar. Pero alguien que miente tanto y tan bien, que es tan inteligente, me da grima y a la vez me hace reír a carcajadas porque cientos de programas tomen su testigo como algo serio.
Su cura de la homosexualidad es conocida, sobretodo desde que LA NORIA, programa de casa Basile, le dieran todo su currículum como cierto. ASCO Y VERGÜENZA.
Señores lo que hago hoy se llama VERDAD, lo que él ha estado haciendo todo este tiempo es mentira.
viernes, 5 de septiembre de 2008
New Childrens
Frases parecidas hemos oído todos, con uno u otro matiz, sean inventadas o de filósofos que nunca tuvieron renombre, que pertenecieron y pertenecen al refranero. No hay cosa que más odie que la vejez. Sé que me llegará. Sin embargo, no quiero ser una carga para el asilo en el cual me haré todo encima y terminaré temblando patósamente mientras tomo la medicación. Sí, porque es así como vamos a acabar todos. Tengamos parientes o no, seamos personas destacadas o casi mendigos. Todos, sin salvarse nadie, terminaremos con los huesos en una cama maloliente esperando que vengan a cambiarnos el pañal.
Pero también amo la vejez. Sí. Porque en parte evolucionamos toda una vida para terminar como empezamos. Los ancianos son caprichosos, se lamentan siempre, olvidan palabras y gestos que antes eran muy comunes. ¡Santo Dios! Olvidan inclusive cómo se pone un botón. Sin embargo, estos son los casos más duros, pero los que más nos llegan. Son impactos visuales y todos hemos conocido a ancianos dependientes por completo de los cuidados de un segundo. Pero también está el entrañable que aunque olvida ciertos detalles, como cuantas veces te ha contado aquella vieja historia, son capaces de salir a pasear y sentirse joven con un clavel en su deslucida levita.
He vivido entre ancianos desde mi más tierna infancia. Mi abuelo fue un ejemplo a seguir. Un hobmre robusto, cabellos castaños con tonos rojizos, de casi metro noventa y con sumo gusto para la ropa. Se puede decir que era un gentleman. Mi abuela parecía una actriz de cine cuando era joven, cabellos castaños, ojos azules grisaceos y una sonrisa muy bonita. Cuando yo vine a este mundo los conocía como hasta el día que se fue apagando mi abuelo y desapareció. Mi abuela ahora parece que está perdiendo todo, menos su carácter.
Pero al mirar el comportamientos de muchos ante los ancianos, y los ancianos enfermos, me repugna. Yo odio la vejez porque es síntoma evidente de que pronto ya no estarán a nuestro lado, algo que me llena de pesadumbre y me hacen llorar. Es extraño. Sin embargo, es el mismo reflejo de que no somos inmortales, que no somos dioses, sino meros estigmas en medio de una historia inacabada...que va dejando su legado al termino de cada géneración.
No entiendo esta sociedad. No lo entiendo. Pierden el tiempo leyendo libros de historia moderna, cuando los que mejor nos la pueden contar son los ancianos y a estos los desprecian.
domingo, 24 de agosto de 2008
Vomit
La muerte, la tragedia, el dolor, las lágrimas, el duelo, los crespones, las televisiones y el dinero. Como dije una vez en mis pasados post de Bad Comedy lo diré en esta ocasión. Hemos llegado a un límite donde la ficción supera a la realidad, donde la humillación más cruel traspasa nuestra piel y desgarra el corazón. No importan las lágrimas de un hombre que ha perdido a su hijo, su nuera, sus nietos y sus ganas de vivir, no. Importa otra cosa y es la rentabilidad de esas lágrimas, cuánta audiencia darán y cómo pueden sacarle más partido. Sí, así es, sin más. Ya lo hicieron el 11 de Marzo, lo hicieron también con Miguel Ángel Blanco y lo han hecho con la pequeña Madie. Ejemplos hay cientos, cada vez son más y el rigor informativo traspasa la barrera del show casposo de los domingos.
He venido observando informativos que me recuerdan más al fallecido “Aquí hay tomate” que a un espacio de noticias. Estoy de acuerdo que se informe del desgraciado accidente, que los reporteros (sin cámaras) den el pésame a las familias y si hay que hacer que se les oiga para pedir explicaciones que se tome declaración a un portavoz. En eso estoy totalmente de acuerdo, es más, lo veo necesario. Es indignante que hicieran volar a un avión que había tenido fallos de recalentamiento de motores, que no es simplemente que no hubiera agua para el lavabo. Increíble. Han muerto niños, parejas de recién casados, familias enteras y lo único que importa es el jodido ranking de espectadores.
Y ya lo dicen los sabios populares, el refranero más cercano al pueblo: Cría cuervos y te sacarán los ojos. Sí, porque nosotros hemos hecho crecer a esas cadenas, el periodismo sensacionalista y derrumbado las barreras de lo digno. Ahora el bien y el mal no tienen debate, simplemente se hace y no importa el daño que puedan causar. Es algo egoísta y cruel, tanto que me pregunto quién es el que necesita un psicólogo.
¿Es normal que se grave a una mujer rota de dolor? Rota porque su hijo no va a volver a casa, porque no lo puede abrazar. ¿Es normal? ¿Eso no es intimidad? ¿Qué hacen mientras los de su alrededor? ¿La intentan calmar o al menos apoyar en su duelo? No, no la ayudan, sino que la filman y se sienten orgullosos de lo que hacen. Yo prefiero morirme de hambre antes de hacer algo así. ¿Es que no han tenido muertos en sus familias? ¿Les agradaría que les filmaran agarrados a la desesperación? Creo que no, es más, se enfadarían.
Los peores de todos no son programas como “está pasando”, no, los peores son los espectadores que siguen el suceso. No les importa el baile de números, no les importa ver a un niño que jamás volverá a abrazar a su hermano, no. Importa saber las desgracias ajenas, quizás para sentirnos realizados y felices. Pero yo cuando veo esas demenciales imágenes lloro. Sí, lloro, de rabia. Rabia porque no hay respeto, ni sensibilidad y mucho menos lógica.
Me pregunto cuándo un informativo dejó de ser tal y se convirtió en el plató de “Lluvias de estrellas”. También, cuándo el hombre dejó de ser hombre y se convirtió en hiena. No somos racionales, ni emocionales, sino pequeños Mongomeri Burns que rebuscan en la basura ajena para sentirnos tan dichosos como robarle el caramelo a un niño. Lo peor, es que si se clama a la justicia, para que toda esta locura cese, se habla de censura, de prohibición de la libertad de expresión.
Señores se cayó un avión en Madrid, uno de los peores accidentes de avión de España. Una tragedia. Un luto nacional. El dolor de madres retumba los cimientos de un hotel de Madrid. Miles de preguntas se asaltan a nuestras mentes ante la negligencia de dejar volar a un avión con problemas. Sin embargo, eso se ha dejado de lado. Ahora únicamente importa las historias personales, los sueños rotos, la vida destrozada de cientos de familia y los euros que aportan a los programas, cuando aparecen, en la parrilla televisiva, envueltas en el titular de “Informativo”
Señores dejen a los muertos descansar en paz y a sus familias llorarles. Ustedes no pintan nada.
lunes, 18 de agosto de 2008
Love
El sentimiento que todos hemos tenido alguna vez, el cual su imagen mental es un corazón palpitante y cuando se habla de este se tiende a indicar una pareja. Sin embargo, el amor está en estallidos biológicos y en hormonas como la testosterona, dopamina, oxitocina y vasoperina…entre otras. Pero no está únicamente el amor a la pareja, sino también a los amigos y a los ideales. Este desorden genético, que a todos nos sucede, es el causante de que varíen incluso nuestros síntomas vitales, ya que ocurre en el cerebro. Es un momento donde sentimos atracción, afecto, deseo llevado a la locura y un caos terrible de emociones. Sí, el instante más idílico de una pareja son compuestos químicos. Si bien, como dije, no sólo hay este tipo de amor, sino cientos y cada persona lo demuestra de forma distinta.
El amor de pareja:
Surge como una atracción animal, un sudor frío recorre tu cuerpo y tus labios se lanzan a pegarse a los de otro. Tus manos, qué decir de tus manos, recorren desenfrenadamente su figura y gimes en un éxtasis demasiado placentero llamado sexo. Tu piel es tan sensible como la de tu acompañante, muerdes, lames y acaricias para sentir el deseo involuntario de tu organismo. Y ahí estás, empapado en medio de sábanas blancas y observando a tu pareja con una mirada de loco. La luz está apagada o encendida, hay incienso o velas, las flores o la ropa por el suelo, no importa. Estás ahí, desesperado. Gimes, estallas, gritas, aúllas, te intoxicas de felicidad y caes agotado sobre tu pareja. Besas sus labios, susurras palabras tiernas y acaricias su rostro como si fuera la última vez. Te has convertido en un animal, ya no eres un hombre. La locura te enajena por completo. Esto es el amor, el amor de pareja, el sexo, la máxima expresión y algo cotidiano que no debe ser buscado, sino que venga como vienen las olas del mar golpeando acantilados.
Sin embargo, el día a día es otra cosa. Hay momentos tiernos, caminar de la mano o conversar sobre asuntos importantes, la convivencia y sobretodo escucharse o entenderse con un único gesto. La voz, el tono de voz se hace más suave, a la vez más brusco en medio de la cama, y sucumbes a los regalos caprichosos que crees que le harán feliz.
Son dos etapas la del deseo y la del romanticismo, casi siempre unidas de la mano.
La tercera es el apego, la necesidad, y ese sentimiento de vacío que dejan en nuestras entrañas cuando se está lejos. Es el momento donde todos inician planes de convivencia extrema, vivir juntos, y de fundar una familia, con o sin hijos. El colmen del amor para muchos.
Entonces el final. Algunos dejan de amar, otros siguen haciéndolo hasta el final de sus días. Es la chispa, si la chispa se deja encendida esta no se va, no hay que apagar el fuego.
El amor a los seres queridos:
Sí, el sentimiento de apego y felicidad cuando estás con familiares o amigos. No es un sentimiento de unión sexual o sentimental, sino más bien de supervivencia y empeño mutuo. Las familias surgieron para protegerse, para llevar a cabo entendimiento y conocimientos hacia todos los miembros. Las crías debían ser salvadas, los amigos eran aliados y los ancianos venerados por su experiencia.
El amor a los ideales:
Es lo que aprendemos del mundo, de las experiencias de nuestro entorno afectivo (familia, antiguas parejas, amigos, jefes…) usualmente vienen en los primeros años de vida, se van cuajando lentamente hasta llegar a la madurez, tras la adolescencia. A veces, uno crece antes que el resto y esto puede afectar positivamente, en otros casos contrarios a este la inmadurez genera problemas sociales. Los ideales van desde el respeto, la tolerancia, la igualdad, la generosidad incluso con extraños…Últimamente, en esta sociedad dopada para ganar y con exceso de necesidad de ascensos rápidos, aunque sea aplastando a un compañero, nos dejan sin ideales y machacamos súbitamente al resto. El respeto al trabajo es fundamental, si alguien crea una obra no ha de plagiarse, ya que esta, y cualquiera, son sentimientos y pensamientos del autor.
Yo afortunadamente tengo los tres amores. El amor a la pareja, el amor a los amigos y a la familia, el amor a los ideales que a veces interrumpen a los segundos y cortan lazos, perdiéndolos en la nada. Tengo reglas, cuando me conocen se ven a leguas y se deben de acatar, como yo acato las del resto por mero respeto, pero cuando me fallan aún así los abandono. ¿Soy cruel? Quizás sí, no lo sé.
sábado, 16 de agosto de 2008
Bad Comedy
jueves, 14 de agosto de 2008
Bad Comedy
Esta "felicidad" pasajera siempre, carente de sentido y de cualquier rasgo de humanidad, hace que cientos de personas en el mundo se sientan bien con ellos, con su alrededor. Alguien podría decir que gracias a esto hay personas que sobreviven, que es bueno, pero nadie piensa en las víctimas, aunque en este caso todos los somos. No son felices realmente, la rabia o la envidia los ciega y los llama a este estado de comedia incomprensible, bochornosa en muchos de los casos. Son como hienas, sus risas al menos lo es para mí.
La culpa es de la educación. Nadie les ha enseñado que todos somos distintos, la sociedad como dije anteriormente es la culpable de muchos males y con ello las empresas. Hablé de la televisión, de como manipulan los medios en mi anterior reflexión y aquí mostraré un gran avance de lo que es la deshonra, la perdida completa de humanidad. Educar no es hacer que un niño lea un libro y le hagas un examen, lo supere y pueda pasar al siguiente nivel. Educar es más que eso, no podemos hacerlo dejando a los niños frente a la televisión carente ya de toda inteligencia. Ya no encontramos dibujos que hablen de naturaleza, amistad, igualdad o respeto, no, encontramos programas basura en que hablan como son los pechos de una famosa. Ahí lo tenemos, lo que aprendemos lo aplicamos, pero luego que no nos lo apliquen a nosotros.
He visto a personas tan patéticas que se han dedicado a insultar a otras durante años, la envidia y las palabras soeces de la mano...¡Que hermosa es la ignorancia y la valentía que da! Se dedican a husmear en la basura del vecino, son como perros famélicos rebuscando. Lo peor de todo es que quieren que sean como ellos, seres sin escrúpulos y sin honor u orgullo.
A veces uno intenta conversar con ellos, seguramente más de una de las personas que me leerán asentiran a mis palabras, pero terminan por perder la cabeza y convertirse en seres desquiciados chillando que pierden el tiempo. Y es así, a seres como los que comento no se les puede tender la mano, menos una conversación civilizada y lo mejor es dejarlos de lado, abandonarlos como perros en medio de una kilométrica carretera.
Sin embargo, como he dicho, la culpa no la tienen ellos, sino la sociedad. Hablan de libertad de expresión y opinión. Pero la libertad se pierde cuando se adentra en la de otro. Si bien son los primeros en coartar los que se enfrentan con ellos y los dejan sin argumentos, los evaden y los bloquean de su vida. ¿no hacen lo mismo que las personas acosadas por ellos? ¿Entonces? ¡Quién los entienden! Dicen que cuando se da una cucharada de tu propia medicina te sabe a rayos, comprendes y te ofuscas. Pero hay personas que ni con esas, siguen insistiendo y hablando de que su ideología es la más eficaz como si fueran Hitler o Musolini. ¿No es mejor la tolerancia? Aceptar al resto, con fallos y virtudes, hacen que comprendamos más al ser humano y nos sintamos en total armonía. Todos somos distintos y eso se aprende desde pequeños, pero las divisiones y el deseo por ser aceptados nos convierten en una masa, y claro, lo distinto molesta.
No digo que ser distinto sea bueno o malo, el bien y el mal es un termino bastante extraño y sin poder centrarse en una definición concreta. Pero es mejor que ser un clon de tu vecino y pensar como él. Reírse de las personas, de sus defectos o virtudes, es algo que debería estar prohibido pero es el argumento de cientos de programas de televisión, de horas de luz frente a una ventana donde rugen los motores de los mediocres.
Lo único que puedo sentir por personas que viven y se divierten hablando de otros, insultando su vida o intentando dañar a otros es pena. Pena por el patetismo y la mala imagen que dan de si mismos. Sin embargo, no se puede hacer nada ya con los adultos, pero sí con los niños. La educación no está en las escuelas, como creen algunos padres, el tutor no es el profesor sino los progenitores. Es como la pescadilla que se muerde la cola, si los padres no tienen esa base de respeto y equidad el niño seguirá sus pasos.
Entonces ¿qué nos queda? Vanas ilusiones de una sociedad ideal, una que jamás va a existir, una donde haya respeto.
Mala Comedia (primera parte)
Lestat
The Soul Society
Muchos al imaginarse una sociedad, imaginan una ciudad. Sí, grandes rascacielos repletos de oficinistas a punto de darle un paro cardiaco, ruído por el tráfico y los claxones de los automóviles, un hombre que mira ansioso el reloj en un semáforo, un chico con la música a todo volumen subiéndose a un transporte urbano, aglomeraciones, niños para la escuela, coches de lujo, el indigente de cada esquina o el lisiado de guerra, la anciana que no se atreve a pasar por el cebrado, la parada de autobuses con los horarios arrancados, pocos árboles, mucha contaminación y una obra cerca de la boca de un metro. ¿No es así? Pero también hay sociedades como las de los pueblos indígenas donde no existe el estrés, ni la indignación de llegar tarde, tampoco un teléfono móvil, un mp4 o un autobús. En esas sociedades, a veces formadas por un grupo de familias, son de casas de barro y paja, hogares sencillos y sin apenas divisiones. Sin embargo, funcionan como la gran ciudad, el pueblo de la montaña, el costero o el del cualquier lugar del mundo. Tienen todos un lugar. Los niños aprenden a realizar labores sencillas para luego pasar a las complicadas, en el "primer" mundo los pequeños estudian para tomar cargos importantes en las empresas en un mañana. Si bien, en la sociedad moderna no hay respeto para los ancianos y no hay lugar para conversar con la familia.
En una sociedad indígena no se habla mal del vecino, pues también es parte de la familia de tus ancestros y se tiene en gran respeto a los ancianos. En la sociedad cosmopolita no nos tenemos respeto ni a nosotros mismos. La crítica, la burla, el comentario ordinario y fácil, a veces incluso blasfemo, viene a la punta de nuestra lengua y la escupimos, sin más. Y aquí viene el problema. Las criticas. Las críticas que realmente importan y son necesarias, las que deberíamos callarnos porque son una falta de respeto y las que son causadas por la envidia.
No nos engañemos, a todos nos importa lo que hace el vecino, sin embargo no aporta nada a nuestras vidas, tan sólo morbo. En nuestra sociedad se ha perdido el respeto, el honor a la verdad, el juicio y sobretodo la humildad. Nos creemos más que cualquiera, por ello podemos pisotear, burlarnos de los defectos o desgracias ajenas, humillar sin importar quien se sienta ofendido. Ahí está el mayor de los problemas. Una sociedad deshunida se destruye, se forjan guerras, divisiones y al final el caos. Lo que puede empezar como un chiste en una oficina contra la competencia puede generar en una guerra dialectica que se repercute en la imagen de la empresa, eso en la marca, la marca en los productos, los productos son comprados por consumidores que juzgan a veces sin conocer, por rumores, y esto influye en su compra y por lo tanto en el precio.
Dice el refrán: Torres más altas han caído. Pero es así. Si no hay respeto, si no hay lealtad, guiones básicos, pequeños apuntes para poder tener una guía útil, no queda nada. La debastación entrará en nuestras vidas y con ella la nula negociación entre empresas, elevando precios y causando gran revuelo, olvidándonos de problemas fundamentales y colapsando a gobiernos enteros. Hay una frase muy cierta que suscribe "Si Estados Unidos estornuda, Europa coge la gripe". Y es que la sociedad norteamericana ha sido el ejemplo a seguir de millones de personas. Sus series nos llevan a un ritmo de vida, una imaginación cosmopolita y demasiado desarraigada de la costumbre local. La Mcdonalización de la sociedad, crear una sociedad como si fuera una empresa y despersonalizando por completo a los individuos. Ahora no son los mayores quien tienen la verdad, la experiencia, sino que te la venden en un frasco de perfume o en un tetrabrick de leche.
La sociedad ahora está manipulada por las empresas y por la televisión, que en sí son multinacionales. Nos dicen como vestirnos, como comportarnos, qué escuchar, qué es lógico y qué no, también nos influyen en el voto, en la opinión pública, en el respeto, en las costumbres más simples como llamar por teléfono o comprar una libreta para dejar una nota. Todo, absolutamente todo, está sumergido en las aguas del negocio más ruín. Los anuncios de estas empresas están en periódicos, radio, televisión, internet, folletos, propaganda, hilos del supermercado, música, vallas de estadios abarrotados para ver el deporte rey de cada país...etc.
Entonces, me pregunto: ¿Realmente el diccionario dice la verdad? ¿miente? La sociedad es un conglomerado de personas de distinta cultura, sexo, edad, religión... ¿o está surgiendo una nueva sociedad que parece crear clones idénticos de personas y edificios, de sensaciones y gustos, a lo largo y ancho del mundo? ¿Es la sociedad libre? ¿Tiene libertad? ¿O está corrupta por las manos de las empresas? Simplemente, la más libre es la indígena, esa que algunos se burlan por llevar poca ropa y entonar canciones ancestrales. El desconocimiento de la evolución, teorías científicas y tecnología hace al hombre más hombre, más libre de respuestas y más lleno de preguntas. Aunque, como dicen, cuanto más tenemos más necesitamos.
El alma de la sociedad,
Por: Lestat