El latido de su corazón junto al suave murmullo de su respiración se hacía cada vez más intenso, parecía el comienzo de una obertura y pedía abrirse paso entre el silencio inexacto de la habitación. El reloj marcaba media noche, la maquinaria formaba una partitura de notas ininteligibles pero que parecía el roer de un ratón. Las agujas iban moviéndose sigilosamente ante el campo enemigo del tiempo, intentaban contrarrestar al sueño y proclamarse aliadas de la noche.
El roce de su cuerpo junto a los blancos pliegues, algo almidonados, de sus sábanas de algodón se mezclaba con las cobijas, rellenas de plumas de ganso, con estampados oscuros de la colcha. Sus cabellos también emitían un sonido casi imposible de apreciar por el oído humano, el roce de su cabeza contra la almohada también realizaba un leve siseo.
Fuera, en medio de la noche, la tormenta parecía no arreciar sino que volvía aún más bulliciosas las tempestuosas calles de una ciudad cualquiera. Las sirenas de vehículos patrulla policial y ambulancia rompían la calma más de una vez, una calma que no se alargaba más de unos segundos. El sonido estruendoso de una motocicleta de gran cilindrada bajo el edificio se mezcló, con el de un coche hecho polvo a unos metros más allá del final de la calle.
Los insectos, y animales sueltos en la gran urbe, con sus pisadas y lamentos formaban un coro extraño. Los solitarios insomnes en su computadoras parecían tocar el piano, pero el sonido eran de teclas de computadoras a deshoras. La música de un aparato de sonido minúsculo parecía dejar que la voz rota de un cantante de blues llorara sus penas, igual que los ángeles en esa noche tan poco agradable para algunos y deseable para otros.
Él, como todo el mundo en cualquier lugar, formaba música y ni siquiera se había alzado de su colchón para tomar su amado bajo. El bajo, un instrumento tan hermoso y tan poco amado. El culpable que una canción rock suene como lo hace, el amante fiel de un músico si se atreve a tocarlo.
Y el reloj siguió sonando, las calles se llenaron de hombres y mujeres evitándose como evitaban los charcos, él se despertó y tomó su instrumento intentando comprenderse a sí mismo en una melodía que únicamente él podía comprender... como es la melodía de la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario