Recuerdo tus lágrimas de muñeca rota,
tus alas tatuadas en la espalda como fragata mercantil
buscando tesoros en un mapa para fracasados.
Recuerdo las suelas desgastadas de tus botas.
Eras un ser celestial que creía ser oscuro,
los infiernos más impíos te queman la piel
y hasta te dejan ardiendo las pestañas.
Eres un ángel que golpeó su cuerpo contra el muro.
Dulce criatura que camina entre farolas
en las cuales se pueden hallar luciérnagas
que creen ser hadas e iluminan tus pequeños pasos.
Dulce criatura que cree que está sola.
Alexei, príncipe de las desgracias y humillaciones
vistes tu alma con harapos para no helarte.
Ya no crees en una nueva oportunidad para ti.
Alexei, el hechicero que tiene la felicidad de vacaciones.
Recuerdo tus lágrimas surcando tu delicado rostro,
como te secabas una a una con el puño de tu jersey
mientras la nieve hacía más dura la caminata.
Recuerdo que dijiste que nunca habría un nosotros.
Eras tan hermoso y delicado como una rosa,
pero tenías unas espinas que eran dagas sagradas.
Eras tan dulce y tan amargo como el café de la mañana.
Fragancia de poesía en lastimera prosa.
Dulce pequeño hombre de escaso tamaño
los años pasan y tú sigues igual que siempre.
Quieres huir lejos, tan lejos como te dejen tus piernas.
Dulce Alexei ya ha pasado otro año.
Alexei te brindo mi mano, sé que no es mucho,
un día nos volveremos a ver y la tomarás.
Esta vez no te dejaré solo, seré la luz de tus pasos.
Alexei, no llores porque tu lamento escucho.
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