Rojo pelo de llamas en la noche sin
tregua...
labios rojos de terciopelo de nenúfar,
pecas rojas que recorren tu piel de
nieve.
Rojo como la sangre, rojo como el
atardecer.
Rojo es el camino de pétalos de rosas
donde te hallé navegando entre las
aguas.
Rojo como el vino que teñía tu blusa
y que hizo que mi corazón explotara.
Rojo fue el día que cerré mis ojos
y dejé que tus manos me acariciaran.
Me arrodillé ante ti y besé tus pies
como si fueras la bailarina de un baile
rojo.
Tras las bambalinas de satén rojo
se encuentra tu cuerpo de hechicera.
Tú, entre las tierras húmedas y la
madera seca,
me sonreíste caminando con elegancia.
Rojo es tu cabello que serpentea en el
aire
como la cinta que se ciñe en tu
vestido blanco.
Te amé como aman los hombres
y te adoré como adoro a los olvidados
dioses.
Tú fuiste el rojo en la noche eterna,
el labial rojo de mis cartas
amarillas...
fuiste la diosa de cabellos rojos,
ciega luciérnaga de cintura
estrecha...
A. González
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